Crónica: Adrián Martínez Macias / Fotos: María Simón

A las ocho y media en punto de la tarde del jueves 27 de noviembre de 2025, Juan Gómez Canca, el Kanka, entra en el todavía oscuro escenario del Gran Teatro Príncipe Pío, armado con un ukelele y un micrófono, y se coloca bajo el único foco que alumbra la escena. Tras los aplausos de rigor, comienza a cantar en solitario su canción Eres: una de sus más reconocibles letras. En el último estribillo, los instrumentos vacíos que aguardaban pacientemente detrás del cantautor reciben por fin a sus músicos, que se incorporan a la fiesta para cerrar el tema por todo lo alto. Al terminar, se dirige al público, agradece su presencia, presenta a su banda, y da por comenzada la sesión, que entre vítores, aplausos y bises terminaría triunfalmente una corta hora y media más tarde.

Al salir del teatro, solo puede llegarse a una conclusión, que este concierto fue, ante todo, un concierto ejemplar. Un concierto en el que todo salió bien, en el que todo lo necesario estaba presente, en su justa medida, y en el que no sobraba nada. Más allá de los gustos personales, más allá de las preferencias musicales y más allá de las canciones, no se puede discutir el cuidado, el cariño y el criterio con que se preparó y se realizó este evento. Entre canción y canción, el artista hablaba con el público, explicaba el concierto, contaba alguna anécdota: se acercaba y conectaba con su público, pero sin llegar nunca a resultar aburrido; hacía las bromas que tenía que hacer en el mejor momento para hacerlas, haciendo reír pero sin hacerse el gracioso. La justa medida de carisma que mejora la música pero no la eclipsa. La elección de las canciones, combinando clásicos de su repertorio con canciones recientes (y hasta inéditas), la elección del orden de las mismas, y el equilibrio de todo el conjunto hicieron de éste un concierto extremadamente disfrutable, que invitaba tanto a bailar, cantar o llorar, como a mirar y escuchar atentamente la voz y la música del malagueño. Todo ello, por supuesto, con el apoyo de un brillante elenco de músicos, impecables en todos los sentidos y en perfecta armonía con sus compañeros, con el cantante y con su público.

Una ejecución tan buena, tan eficaz, tan cuidada, solo puede sentirse desde la pista como una muestra de cariño y de respeto del artista a su público: una entrega y un amor que le es sobradamente correspondido. A las diez en punto de la noche del jueves 27 de noviembre de 2025, Juan Gómez Canca, el Kanka, no solo se había reafirmado como artista, también se acababa de reafirmar como artesano, como músico en el sentido más profesional de la palabra, como defensor del oficio de la música.