Crónica: Mercedes Márquez / Fotos: Sergio García Lavilla

 

Concierto perteneciente a la gira Vacaciones para Siempre Tour, del músico madrileño Marcos Crespo, más conocido como Depresión Sonora, presentando su disco Los Perros No Entienden Internet (…Y Yo no Entiendo de Sentimientos) (2025) pasando por Buenos Aires, Monterrey, Bogotá, Los Angeles, Chicago y New York, entre otras.

Caracterizado por una mezcla de post-punk, synthwave y sonidos lo-fi, con letras melancólicas y nostálgicas, aborda temas como la soledad, el desencanto y la ansiedad, reflejando el estado emocional de una generación. Tras tener que abandonar momentáneamente la gira el pasado verano por una apendicitis, retoma con más fuerza la gira con su leitmotiv de pasar de sobrevivir a empezar a vivir.

La cita dentro del ciclo MAZO Madriz tiene lugar en la Riviera, con un Sold Out colgado al poco tiempo de salir las entradas, en una tarde de lluvia, que no impidió a centenares de fieles seguidores esperar un par de horas antes de la apertura para estar lo más cerca posible de su gurú existencial.

Con la sala llena en apenas unos minutos, la espera era amenizada por música synth noventera, que ha servido de inspiración a Marcos a lo largo de su carrera.

El escenario estaba acotado en forma de circulo, donde la batería, los teclados y los micros de guitarra y bajo, formaban un circulo, creando una sensación de unidad que muchas veces se echa en falta en escenarios grandes, al tratar de ocuparlos íntegramente y estar demasiado separados los grupos.

Marcos aparecía con su clásica gorra y traje negro, en una luz tenue con humo, recordando a Joy Division con una explosión de gritos propia de otros grupos y épocas.

Exodo 32 es la elegida para empezar, un interludio que nos muestra las líneas de vida que transmite el grupo, que enlaza con Balada de los Perros todavía calentando motores mientras era coreada por todo el público, con la melódica como instrumento rememorando grupos como Bauhaus.

Generación Perdida y Estupefacientes incrementaron el ritmo a base de riffs de guitarra eléctrica, apareciendo los primeros pogos, en un crescendo que acabaría en una explosión final en el cierre de la noche.

Los temas caían uno detrás de otro, sin apenas interacción con el público, rememorando la iconografía de los grandes del post punk (Joy Division, The Cure), mientras el sudor, baile y feromonas invadían la Sala.

Donde están mis amigos, Veo tan adentro recordando a The Cure, Hay que abandonar este lugar, Me va la vida en esto, Domingo Químico, Apocalipsis Virtual o Hasta que llegue la Muerte eran coreadas por toda la sala. Salvo un pequeño fallo con el bajo, el sonido era correcto y la voz de Marcos se entendía perfectamente sin estar tapado por los synthes de Simunn ni la batería de David Chamizo.

En los bises se dirigió al público comentando que no sabía si llegaría a este concierto tras la operación de apendicitis y recuperación posterior.

Alentó a luchar y tirar para adelante a un publico eminentemente veinteañero que tomo nota para terminar la noche con Fumando en mi Funeral, la emblemática surgida de la pandemia Ya no hay verano, la que nos gustaba a nosotros Gasolina y Mechero, y para finalizar, con la ayuda de Pablo Prieto (Alcalá Norte), Vacaciones para Siempre la que según el cantante, “la que le gustaba a él”.

Fin de fiesta con mucho sudor, pogo, melodías post punk que hicieron las delicias de unas nuevas generaciones que nos recuerdan a las ochenteras que surgieron de las sombras del lo-fi de Ariel Pink y el pop sombrío de Joy Division.