Crónica: Mercedes Márquez / Fotos: Sergio García Lavilla

 

Concierto perteneciente a la gira presentación del segundo disco de la banda británica Deadletter que lleva por título Existence Is Bliss (2026). Continuando con el post punk de su primer trabajo, pero bastante más elaborado, y con mayor profundidad, aportando mayor amplitud y espacios especiales para dejar que el saxofón, al estilo de Psychedelic Furs, irrumpa con mayor fuerza en sus composiciones, impulsando el sonido de la banda a niveles superiores.

Formada alrededor de 2020 en Yorkshire por Zac Lawrence (voz), Alfie Husband (batería) y George Ullyott (bajo), la banda se mudó al sur de Londres para desarrollar su sonido, incorporando a nuevos componentes Poppy Richler, Sam Jones y Will King con lo que han conseguido crear un sonido característico al estilo Yard Act, Maruja, Morphine.

La cita es en la Sala Villanos de la mano de Houston Party, algo pronto para ser un día laboral por lo que la sala tardó en llenarse y se retrasó ligeramente el concierto.

Sin teloneros arrancaba con Purity I, que durante el primer minuto y medio de respirábamos la tensión en el ambiente, la sensación de que algo está a punto de estallar. La banda resiste la tentación de explotar demasiado pronto, conteniéndose hasta que el bombo irrumpe con fuerza, acompañado por una potente línea de bajo, cuando Zac irrumpe entre gritos en el escenario. Es el momento de la ignición.

Pero algo no va bien, fallos en el micro hace que tenga que coger el adicional, indicando a la mesa de sonido que no funcionaba. Como no se daban por enterados, bajó con el segundo tema To the Brim para ir hasta la mesa de sonido, con un público que no se lo esperaba tan pronto. Con Mere Mortal acariciaba el sonido motorik de Madness en la que el saxo marca el tempo del tema explotando en un estribillo pegadizo y adictivo.

Zac Lawrence es un líder inquietantemente cautivador. Su actuación osciló entre miradas impasibles y movimientos frenéticos con una intensidad impresionante. Estuvo sin camisa todo el tiempo, el público podía ver literalmente cómo le temblaban las costillas y se le tensaban las venas mientras iban cayendo temas de su último trabajo Back to the Scene of Crime, Songless Bird, What the World Missed, Among Us o It Comes Creeping.

Pero cuando realmente se desataba el contenido público era con los temas de su anterior trabajo (Deus ex Machina, It Flies o Fit for Work), algo más directo y donde Will King se soltaba como si disparase con la guitarra (hasta tal punto que tuvo que reparar la pedalera), rebosaba vitalidad, invitando al público a unirse a su ritmo, lanzándose desde el escenario mientras era transportado por toda la sala.

Tras Frosted Glass se despedían del público que ansiaba más, tras haber iniciado el pogo (es difícil resistirse a bailar con esas líneas de bajo tan potentes de George Ullyott y las líneas de saxofón tan funky) casi al final del concierto estaban todavía frescos, faltándonos uno de los temas más icónicos de la banda.

Y fue lo que pasó, volvieron al escenario con Binge, con un Zac gesticulando a lo Mick Jagger y animando al público a corear el estribillo (muy Yard Act) que hizo las delicias de los más fanáticos. Parte de lo que hace que sus conciertos sean tan divertidos es que, aunque no te sepas todas las letras, siempre hay un espacio para que todo el público se una, creando esa energía colectiva tan genial en su música

Hero y Cheers! dieron por finalizada la noche, que no sería una de las mejores de los británicos (sonido incluido) pero que dejó un buen sabor de boca a todos los que fuimos a ver a este grupo que se caracteriza por la energía de su directo, donde la magnífica pared de música disonante (saxo espectacular) crea melodías y estribillos altamente adictivos.