Crónica y fotos: Sergio García Lavilla
Concierto perteneciente a la gira presentación del tercer disco del compositor estadounidense, afincado en España, que lleva por título ‘Albino Rhino’ (24), en el que mantiene a la banda de acompañamiento The Crying Cowboys.
Su música se encuentra a caballo entre el soul, funk, yatch pop con un ritmo y cadencia que invita a mover sutilmente la cabeza disfrutando del eclecticismo de sus letras, buscando siempre un sonido que no pueda catalogarse dentro de ningún género, pero a la vez ser un género en sí.
De la mano de Dice (en el ciclo Mazo Madriz) tenemos una cita en la sala Sol (perfecta para crear la atmósfera que requiere la puesta de largo del disco) a la que no podíamos faltar.
Para amenizar la espera tuvimos al musico country Noel McKay, afincado hace un año en Galicia, después de enamorarse del lugar participando en el festival Holanola. Temas con un regusto folk country como Open all Night, la ranchera El Coyote con un regusto a El Paso, o la autobiográfica An Old Cowboy in Spain hicieron que el público disfrutara mientras apuraban sus cervezas a la espera de Aaron y sus muchachos.
Con la sala a un 60/70% tomaban el escenario los Cowboys de Aaron y al frente de la banda, con su inconfundible gorro vaquero, como si de John Wayne se tratase, un Rux que nos iba a deleitar con un viaje a través de los sonidos soul funk con muchos giros de estilo, en los que más que un concierto, estamos viviendo una BSO en directo.
Late Night Radio era la primera parada del viaje sensorial que esta maravilla del groove, a modo de presentación de programa de radio nocturno, en el que abrimos nuestros corazones a la oscuridad de la noche. Roller Coaster en su faceta Funky y la melancolica y pausada Crying on the Train completaban las dos siguientes paradas del Transiberiano.
Los temas del último disco iban cayendo a medida que el tren iba ejecutando paradas, dentro de la película en la que se había convertido la noche. A veces parecía música ambiente, de la perfección en el acople de todos los músicos, con un sonido limpio, armonías vocales, grooves de bajo, lap-steel y Funky de los 70s.
La pena es el sonido ambiente de conversaciones que se tuvo que aguantar a medida que iban cayendo temas de discos anteriores, como el folk nostálgico de Michael&Jane, el neo soul de Special Magic, el homenaje a Bootsy Collins en In my Pocket, las dos odas al amor como fueron Love Birds y Love Slave, hasta que con el naif pop sesentero de Sugar Mamma daban por finalizado el show (aunque ya se sabe que alguna cae más) en el que nos deleitaron con canciones rotundas, pegadizas y muy disfrutables bajo la atenta mirada de su gran amigo Joe Crepusculo.
Los temas elegidos para los bises fueron Atomic Sunsets, una deliciosa canción con una calidez electroacústica que invita a sonreír, asentir y mantener el ritmo con la punta del pie; la animada Thirsty for two con toques afro-beat y como colofón Backbone, una de las mejores de su último trabajo con guiños al mismísimo Giorgio Moroder.
Nos fuimos de la Sala el Sol con una sensación de relajación, que de vez en cuando viene bien, para contrarrestar el ritmo de vida que llevamos en los que no paramos a ver ni a disfrutar de los pequeños placeres de la vida…entre ellos disfrutar de un buen concierto en compañía de buenos amigos.





