Crónicas de eventos en Madrid

Crónica: Víctor Robi

Esta noche nos acercábamos a ver al hombre más grande del mundo, también conocido como Kristian Matsson. Evidentemente, el sueco no es el más alto del mundo; de hecho, para ser de un país del norte, ni siquiera es alto allí. Pero lo que sí es, es uno de los mayores talentos salidos de Suecia, que a final de cuentas es lo que nos interesa. Viene en una gira acústica para presentarnos su último álbum, «Henry St.».

Antes de nada, definámosle: es conocido por su estilo folk y su habilidad para tocar la guitarra. Su música a menudo se compara con la de Bob Dylan debido a su voz distintiva y sus letras poéticas.

Empieza a sonar «For Sent for Edelweiss» y Kristian aparece surfeando por el escenario para comenzar con una versión de uno de sus referentes, Bob Dylan, y su «Moonshiner». Para empezar con su propio repertorio, elegiría la coreada «King of Spain», donde, a pesar de no hablar nada de español, demuestra su gusto por nuestro país, mostrando a ese loco que, a base de guitarrazos, se recorre el escenario provocando la agitación de la masa. Y sin respiro, se pasa a la guitarra eléctrica para disfrutar de la más pausada «Throw Right at Me».

Ahora llegaría un bloque del nuevo disco que, a pesar del sentimiento que le ponen, no termina de funcionar tan bien, destacando «Major League», donde Kristian nos explicó que su fascinación por Chicago y el béisbol le viene desde los 6 años. Menos mal que no fue lo suyo y sí la guitarra.

Sin embargo, con «Where Do My Bluebird Fly» volvería a animar a La Riviera. Es otro de los clásicos que además funciona muy bien en este formato. Sería momento de pasarse al piano para «Henry St.», con este instrumento vemos al sueco sacar su lado más sensible y mostrarse más abierto y frágil ante el público. Dejaría esta tranquilidad para hacer al público cantar y bailar con «Love Is All»; se nota que los clásicos funcionan mejor.

Luego iríamos intercalando una de cal y una de arena, una mezcla entre lo viejo y lo nuevo, donde lo más reciente todavía le falta terminar de cuajar, dejándonos por el camino temas como «Rivers», «Bless You» o «Revelation Blues». Para el final se guardaría dos de sus temas más conocidos con «I Won’t Be Found» o «The Gardener», que conseguiría hacer bailar a toda La Riviera por primera vez en la noche. Cerraría con «Foothills», que de las nuevas fue la que mejor funcionó, posiblemente aprovechando el éxtasis generado por la anterior.

Para el bis, el hombre más alto nos guardaría dos de sus clásicos como son «1904» y cerrando con una versión a piano de «The Dreamer» que fue muy bien recibida, aunque en lo personal me gusta más la original.

Sin lugar a dudas, Kristian es uno de los grandes músicos de este siglo, por lo que el debate no se basa en si el concierto es bueno o malo, sino entre bueno y excelente. Desgraciadamente, no llegó al sobresaliente; la elección del set junto con que algunos temas se deslucen sin banda nos deja una buena noche, pero no inolvidable.

Por último, mencionar el cambio de actitud, lejos ya de aquella cabra loca que era sobre el escenario, para dejar paso a alguien más interactivo y que sabe jugar con el público a la perfección.