Crónicas de eventos

Crónica: Víctor Robi

Con motivo del décimo aniversario de Hybris y Alaska, recibimos en Madrid a los italianos Fast Animals and Slow Kids. Este grupo es uno de los referentes en la escena post-punk italiana. Como ya habéis podido apreciar, este género es uno de mis favoritos. ¿Serán capaces de convencernos estos chicos?

Antes de profundizar, permítanme compartir algunos detalles adicionales. Fast Animals and Slow Kids es un grupo musical italiano de rock alternativo formado en Perugia en 2008. Su música ha contribuido a dignificar e internacionalizar la escena independiente de su ciudad natal, poniendo en el mapa su nombre y presencia.

Durante el principio de la canción “Overture”, pudimos percibir la influencia de la etapa más oscura de A Perfect Circle. Sin embargo, esto resultó ser un espejismo dentro del concierto. Con la canción “Il mare davanti”, Fast Animals and Slow Kids mostraron su lado más rockero en vivo, especialmente en comparación con su último álbum. La energía guitarrera se hizo evidente durante el transcurso del concierto.

Entre canción y canción, el carismático Aimone Romizi nos llevó en un viaje introspectivo más allá de lo que normalmente se espera en un concierto. Su objetivo estaba claro: ganarse al público. Durante todo el concierto, Aimone interactuó con la audiencia, incluso comentando sobre objetos lanzados desde las primeras filas. ¡Una experiencia inolvidable!

Uno de los momentos más potentes del concierto fue cuando tocaron ese cañón que es “Troia”, recordandome en este caso a la mejor versión de los Foo Fighters. Quedó claro durante todo el concierto que habían venido a poner patas arriba la capital. A esto le seguirían “Maria Antonietta”, “Canzone per un abete – Parte II” y “Come reagire al presente”. Con esta última, animaron al público a formar un círculo, pero no para hacer un
pogo como yo esperaba, sino para bailar agarrados en pareja.
Para cerrar el concierto, ofrecieron una breve versión de “Rock and Roll” de Led Zeppelin.

El baterista asumió la voz, mientras que el vocalista-guitarrista se encargó de la percusión. ¿Qué demonios no sabe hacer este chaval, si incluso Romizi toca la batería? Las dos últimas canciones, sin bis, fueron el éxito “A cosa ci serve” y, por petición popular, el público se arrancó a cantarla. En un alarde de improvisación y valentía, el grupo se saltó el guión para tocar “Forse non è la felicità”.

Esta noche disfrutamos de una banda que se nota que está en plena forma y que disfruta tocando música en directo. Esto se tradujo en un concierto enérgico. Sin embargo, como me ha ocurrido con otros grupos que he cubierto, la duración del concierto me dejó frío y me hizo reflexionar: ¿Estamos camino de conciertos cada vez más cercanos a una hora de duración? ¿Es un efecto de la sociedad actual, marcada por las prisas y la inmediatez? ¿Las bandas preparan su repertorio pensando en los festivales y no en las salas? En mi opinión, sería una pena que bandas con varios álbumes, como es el caso, no alargarán más la duración de sus actuaciones. Esperemos que sea solo un efecto transitorio y volvamos a esos bolazos de 2 horas.