Concierto Samian en Madrid

Crónica: Víctor Robi

Hoy sacamos las vans porque nos acercamos a la sala nazca a disfrutar de Samiam, como siempre describamos quién toca, son una banda de punk rock originaria de Berkeley, California, formada en 1988. La banda ha pasado por varias formaciones a lo largo de los años, pero su alineación clásica incluye a Jason Beebout (voz), Sergie Loobkoff (guitarra), James Brogan (batería), Aaron Rubin (bajo) y Jeremy Bergo (guitarra).

La música de Samiam se caracteriza por su enfoque melódico dentro del género del punk rock. Han sido elogiados por su habilidad para combinar letras emotivas con un sonido enérgico y guitarras distintivas. La banda ha experimentado con diferentes estilos a lo largo de su carrera, incorporando elementos del post-hardcore y el emo en su sonido.

Poco antes de las diez vemos aparecer a un grupo de cuarentones y 2 de ellos con el pecho despecheretado, con más tintes de sketch de humor que de músicos, pero para nada fue así tras unos primeros temas como Lake Speed, Clean Up o Factory en los que demuestran que son unos músicos geniales.

Poco a poco el concierto iría corriendo ritmo con temas como Mexico, Monterey Canyon y She Found You, metiéndose cada vez más al público en el bolsillo, que cada vez está más cerca de los 90s y para esto ayuda el local elegido para el concierto.

Para el que no haya estado en la sala, es recogida con buena visibilidad y sin ninguna excentricidad dejando todo el protagonismo que necesarios son estos locales frente a los megaconciertos.

Llegados al ecuador del concierto, ya nos habíamos hecho a esa voz por momentos ronca y a las minipausas para la cerveza de Jason Beebout. Así que llegó el momento de mantear y ver volar vasos de cerveza, seguimos quemando zapatillas con 80 West, El Dorado o September Holiday. Para el último tramo y sin bis, dejarían grandes temas como Dull, Capsized o el melocotonazo Sunshine.

Llegados a este punto, me pregunto qué caprichoso es el destino, cómo han triunfado otros grupos de punk rock (inserte cada uno el que quiera de los 90s) y un grupo como este que dan un bolo que sobre todo es divertido no llegaron a explotar.

Por ponerles alguna pega con una discografía tan extensa podría haber alargado el bolo más allá de la hora y diez, no obstante, fueron 70 minutos de pura diversión noventera.