Crónica: Víctor Robi
Hoy, desde Suecia, se dejaban caer una de las bandas clásicas del punk rock y, desde conciertos por Madrid, no nos lo queríamos perder. No son otros que No Fun At All, que vienen a poner patas arriba la Sala Nazca.
Son una banda de punk rock sueca formada en 1991 en Skinnskatteberg. El nombre de la banda es una combinación lúdica de la versión de los Sex Pistols de la canción «No Fun» de The Stooges y la banda de hardcore Sick of It All. Han pasado por varios cambios de formación a lo largo de los años, pero han permanecido activos desde su reunión en 2013.
Sin embargo, antes salían los locales Silly Sally, que con una gran actitud y ritmos pegadizos consiguieron animar a gran parte de los asistentes, con temas como «Hold the Horses,» «Just a Call» o «Hey Allergy», que serviría como broche a media hora de una notable actuación.
Para cuando llegara «It Won’t Be Long», ya toda la sala se estaría moviendo, y a pesar de ser su primer concierto de la gira, se nota su experiencia, que consiguió conectar con el público desde el primer momento. Sin darnos cuenta, en esa vorágine de golpes y cabezas agitadas, se escucharon temas como «Never Ending Stream» o «Your Feeble Mind».
Steffan Bratt mostró la cara más gamberra del grupo, bromeando sobre el tamaño de la pista y soltando alguna gracia en español. Volviendo a lo musical, ya nos avisaron que sería un setlist diferente y pudimos disfrutar de temas no tan habituales como «Away from the Circle» o «Wind Up».
Cerraríamos la parte oficial del concierto con un clásico como «My Extraordinary Mind» y la genial «Future Days, Future Nights». Como suele ocurrir, la banda había reservado cañonazos para el bis como «Beat ‘Em Down», «Suicide Machine» y la coreadísima «Master Celebrator», con la que cerrarían, ahora sí, por todo lo alto. Fue una actuación notable a pesar de los puntuales problemas técnicos con el auricular de Ingemar en «The Humdrum Way» o el fallo del inicio de «I Am Wrong and I Am Right».
Son una banda mítica del punk rock y así lo demostraron esa noche con una madurez excelente, como si el paso del tiempo no les afectara, o igual es que el afectarnos a ambos no se ve tan mal. En cualquier caso, fue una ocasión perfecta para sacar las vans del armario y poguear como cuando teníamos 18 años.










