Crónica: @mr.barciela
El pasado viernes en La Riviera, lo de Camellos fue mucho más que un concierto al uso. La banda celebraba diez años de carrera musical, y la sala se llenó de esa mezcla de sudor, ruido y buen rollo que solo ellos saben generar sobre un escenario. Desde el primer minuto, dejaron claro que tienen al público en el bolsillo. Cada canción y cada guitarra eran coreadas a muerte. La noche se transformó en una auténtica fiesta, recordando que, en medio del caos del día a día, siempre hace falta soltar un poco de adrenalina.
Camellos es una banda madrileña formada en 2014 que, con el tiempo, se ha consolidado como uno de los nombres más importantes de la escena independiente en España. Su estilo combina garage rock, punk y pop, con letras cargadas de humor ácido, ironía y crítica social, convirtiéndose en su seña de identidad. Gracias a esta mezcla de música energética y mensajes directos, han logrado conectar con toda una generación de seguidores que se han sentido identificados con su propuesta a lo largo de los años.
Para una de esas tardes lluviosas en Madrid, un concierto por la tarde seguido de unas cervezas con amigos nunca viene mal, y eso es precisamente lo que supone ir a ver a Camellos en La Riviera, casi una reunión entre amigos en la que, además de disfrutar de la música, se saborea la compañía. Esa misma sensación se respiraba horas antes en los bares cercanos, con mesas llenas, conversaciones animadas y la certeza de que la noche comenzaba mucho antes de que se encendieran las luces del escenario.
A las nueve de la noche, Camellos irrumpió en el escenario, y con los primeros acordes de “Mazo” estalló la celebración del décimo aniversario. La banda al completo entregada a la música, mientras detrás una pantalla retransmitía el concierto en tiempo real con un filtro VHS, ese toque vintage que marcaba la atmósfera del show. Cada guitarra, cada golpe de batería y cada grito del público hacía vibrar la sala, era imposible no sentirse parte de la energía colectiva que generaban.
Después cayeron “Divorcio”, “Pesadillas en el hotel” y “Peligrosamente”. El sonido era crudo, intenso y con ese punto espontáneo que te hacía sentir como si estuvieras metido en su propio local de ensayo. En la pista, los primeros pogos no tardaron en estallar y ya no hubo tregua en toda la noche. Con “Oye como vienes”: en cuanto arrancó su versión del clásico de Santana, La Riviera se vino abajo, se gozó y se disfrutó de principio a fin.
El sentimiento madrileño no se perdió ni un instante, las letras reflejaban la cotidianidad de la ciudad, y detalles como la boina de chulapo que lucía el bajista reforzaban ese guiño castizo tan característico. La relación con el público era directa y fluida, la banda conectaba al instante, dando la sensación de que no se estaba viendo a un grupo famoso, sino a un grupo de amigos tocando para ellos. Esa complicidad natural hacía que todo fluyera durante todo el show.
El setlist repasó sus diez años de carrera con canciones como “Quién se ríe ahora”, “Blessed”, “Llevarse bien”, “Siempre saludaba” y “Tentaciones”, cuyos estribillos fueron coreados al unísono por toda la sala. Para “Telmo y Luis”, Camellos subió al escenario a su primer batería, que tuvo que dejar la banda por trabajo, convirtiendo la canción en un emotivo reencuentro. La banda también invitó al cantante de Biznaga para interpretar “Combustión”, sumando otro momento especial a la celebración.
Además de los golpes de guitarra y los saltos del público, los vasos a medias de cerveza surcaban la sala de un lado a otro, recordando que para una banda irreverente como Camellos, todo podía suceder aquella noche. El grupo tampoco se olvidó de su familia, presente entre el público, y aprovechó para saludarlos, mientras bromeaban sobre la sorprendente cantidad de bigotes que se veían en la sala, en alusión a la moda de lucirlos en estos ambientes musicales.
Siguiendo con más temas, “Arroz con cosas” fue uno de esos momentos en los que se creó una comunión total entre la banda y el público. Lo mismo ocurrió con “Horrolandia” y “Loros”, canciones que se disfrutan aún más en directo, cantando y bailando junto a amigos o pareja, compartiendo la música como si todos formaran parte de la banda por una noche.
Para la parte final del show, y como todo buen concierto de estas características, el batería se lanzó al público y fue llevado en volandas durante “Healthy”, desatando la locura en la sala. Para cerrar la noche, la banda interpretó “Ejecutivo estresado”, “Mi fábrica de baile Rock”, “Café para los más cafeteros”, “Candorro”, “Becaria” y “Qué sobrabas”, tocadas a tope y agotando cada gota de energía de la banda y del público. Terminando una noche de celebración, una fiesta colectiva que dejó la sensación de que Camellos seguirá sumando muchos años más sobre los escenarios y en los corazones de sus seguidores.





