Crónica: Víctor Robi
Fotos: Sergio García Lavilla

Volvemos a uno de nuestros festivales favoritos dentro de la amplia oferta de la capital, en su versión más veraniega y con uno de sus carteles más variados. Pero vayamos a lo importante, que no es otra cosa que la música.

Los primeros en salir a escena fueron los locales L’Exotighost, con una propuesta interesante y diferente, mientras llegaban los primeros valientes. Por suerte, los dioses del tiempo nos favorecieron con un día nublado que ayudó a no tostarnos a primera hora, ideal para adentrarse en esos ritmos más propios de la selva del Congo que del Matadero.

La banda presentó una propuesta refrescante, con elementos como el ukelele y efectos sonoros que, sumados a sus camisas hawaianas, consiguieron bajar la temperatura de la explanada negra. Destacaron temas como  Mad, mad madrid, Quiet Gnossienne  o la genial versión de Carpenter Cha Cha Challoween  que sirvió para cerrar su actuación. El único regusto que me quedó es que, quizás, en un horario nocturno habrían encajado aún mejor. Quedan apuntados para otra ocasión.

Los siguientes en salir fueron los gamberros Wau y los Arrrghs!!!, que con su garage rock con toques de psychobilly vinieron a poner patas arriba la explanada, que ya se iba llenando. En contraste con la calma anterior, nos hicieron agitar las caderas. A pesar de las quejas por el calor y la edad, Juan Wau se sigue moviendo como un chaval, contagiando su energía al público.

Lo cierto es que fueron un huracán sobre el escenario, con temas que ya son clásicos como ¡Viva Link Wray!, Momia Twist, No me verás caer o Hey Monstruo Hey. Una muestra de que este festival es diferente a lo que proponen los fondos de inversión es la cercanía de sus organizadores. Pudimos ver a la genial Carolina subiendo a cantar Nunca la quise con la banda. A pesar de algún problema técnico, estuvo genial. Todavía quedaba algún as en la manga de Juan, como cuando bajó a bailar en Copa, Raya y Paliza o versionó a los geniales Los Saicos con Demolición. Una actuación redonda, para sorpresa de nadie.

Los terceros en discordia fueron los californianos The Mystery Lights, que demostraron la bandaza que son, firmando la mejor actuación de la noche. Empezaron con Mighty Fine & All Mine, que fue como un rayo cayendo sobre el Matadero, cargando de energía a los presentes con riffs y letras geniales como Melt, It’s Alright, Traces, Cerebral Crack o el melocotonazo What Happens When You Turn the Devil, que bajo mi punto de vista saca a relucir todas las virtudes de la banda, con esa mezcla de blues y punk rock que tan bien suena y que transmite a la perfección «L.A.» Solano.

Al igual que en el concierto anterior, la presencia del equipo de Heart of Gold se hizo notar, con David, fundador de la promotora, surfeando al ritmo de otra genial versión de Demolición de Los Saicos, que puso patas arriba el recinto. Sin duda, están en un momento de forma excepcional, y así lo demostraron.

Por último, llegaron los cabezas de cartel: los esperadísimos hermanos D’Addario, recibidos con gran expectación. Tras un comienzo accidentado con problemas de sonido —no se oía nada durante las dos primeras canciones, My Golden Years y I’ve Got a Broken Heart—, tuvo que salir el técnico a reajustar los micrófonos. Pero tras un cuarto de hora, volvieron como un huracán con What You Were Doing, The One e In My Head, que golpearon a los presentes dejándolos noqueados.

Lo que consiguen estos jovenzuelos, pocos grupos lo logran: el público flotaba en una nube mientras nos transportaban a otro tiempo con esas melodías pegadizas que recuerdan a The Beach Boys, y sacaban su faceta más agitada con temas de power pop como Ghost Run Free, que perfectamente podrían haber firmado Big Star. También hubo espacio para un guiño a una banda nacional con la versión de Mejor de Los Brincos, y cerraron una noche mágica con Rock On (Over and Over).

Da gusto asistir a un festival donde el foco principal es la música, y todo lo demás se facilita para disfrutar de lo que más nos gusta: precios razonables, sin aglomeraciones, buena visibilidad en todo el recinto y un trato amable. Se nota que los organizadores aman la música, y no solo los números. Por tanto, solo podía irme con una sonrisa mientras recorría el Manzanares camino a casa, pensando en lo necesarios que son estos oasis en el panorama macro actual.

Así que, desde aquí, ¡larga vida al Blockparty! Y a esperar con qué nos sorprenden David y compañía el año que viene.

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PD: Por si alguien no puede esperar al año que viene, aún tiene la oportunidad de disfrutar de otro festival donde prima la música, cerca de Madrid: el Huercasa, que tendrá lugar en Riaza los días 18,19 y 20 de este mes , con nombres de la talla de The Jayhawks, The War & Treaty o Al Dual.