Crónica y fotos: Sergio García Lavilla
Concierto homenaje a los 25 años desde su primera actuación en España, que coincide con la publicación del disco Hijos del Culo (2000), que consolidó a esta banda argentina en el panorama internacional convirtiéndose, tras más de 30 años de conciertos y cambios en los componentes, en uno de los principales referentes del Rock Argentino, siendo capaces de combinar rock con sonidos latinoamericanos como la cumbia, murga, tango, candombe.
Tras su paso en 2023 por Madrid conmemorando sus 30 años, nos vuelven a visitar en el Teatro Barceló de la mano de Nodriza Producciones, con las mismas ganas con las que un grupo de amigos del barrio de la Barraca (Buenos Aires), allá por 1998, compuesto por Juan Subirá (teclados), Pepe Céspedes (Bajo), Carlos Martín (Batería) y Alberto Verenzuela (guitarra), que tocando en la Casa de las Artes de Avellaneda conocieron al que sería, durante muchos años, el cantante Gustavo Cordera pero que ahora están como vocalistas el Condor Sbarbati y Daniel Suarez.
El ambiente previo auguraba una noche de fiesta, argentinos haciendo cola ataviados con su remera nacional, padres, hijos, empanadas, camisetas de Messi, Maradona, como si estuviéramos ante un partido del Torneo Apertura entre Boca y River.
Con algo de retraso en la apertura de puertas, los primeros en entrar se situaron rápidamente a pie de escenario para poder tener a sus ídolos lo más cerca posible (interactúa mucho Dani con la gente) y disfrutar de una banda coral que ha pasado de padres a hijos.
El concierto empezaba con retraso, lo que el público aprovechó para, al más puro estilo Bombonera, cantar y saltar entonando himnos de la banda mientras se afinaban las guitarras por parte del Staff.

Con El Gordo Motoneta abrieron la noche, ritmo mezclado con un speaking en la que se retrata a un personaje marginal entre la ternura y la violencia. Le siguen la atmosfera densa de La del Toro, La vida Boba y la tanguera Desconexión Sideral, raras en directo, pero haciendo homenaje a Hijos del Culo que ya se intuía como hilo conductor.
Con la Soledad recuperamos el primero de los clásicos, con un ritmo lento pero pegadizo, que enlazan con Yo Tomo, Perro Amor y la murgera Toco y me voy con imágenes de Maradona en la pantalla que es como echar gasolina a un fuego descontrolado (locura total).
Pese a que el sonido no era del todo fino (la voz a veces quedaba oculta), las canciones eran coreadas por el público, como El tiempo no para, clásico de su primer disco allá por el 92 que es una cover de Cazuza, Sr Cobranza , Se viene, Argentinidad al Palo, Cuatro Vientos, mezclando ritmos y controlando el tempo del concierto como ellos solo saben hacer.

Una noche mágica que me trasladó a otras latitudes que me permitió compartir un poco de la Argentina que la Bersuit lleva por todo el mundo.
Por siempre Bersuit Vergarabat, pero la próxima vez no dejéis en el tintero Porteño de Ley.





