Crónica: Victor Robi / Fotos: Vega Halen (Noches del Botánico)
A las 22:00 en punto, con la pista del botánico a rebosar y una humedad que parecía pegar el aire a la piel, la banda salió a escena dispuesta a conquistar Madrid. No hubo preámbulos ni discursos: solo la expectativa de un público apretado, atento, esperando que la noche se encendiera desde el primer golpe de batería. Pero lo que siguió fue un concierto partido en dos mitades, una combustión lenta que terminó explotando cuando nadie lo esperaba.
Revelaciones aparte abrió la noche con corrección, aunque sin terminar de prender la mecha. La banda sonaba pulcra, casi quirúrgica, pero faltaba ese punch inicial que convierte una entrada en escena en una declaración de intenciones. Con Tiempo off, ya con un toque más electrónico, parecía que el grupo buscaba modular el ambiente, construir una atmósfera antes de atacar de frente. Pijamas, más animada, levantó por fin al público, marcando el primer momento en el que la pista respondió con algo más que aplausos educados.

El melocotonazo Putita llegó con un público sorprendentemente aletargado, una reacción desconcertante para un tema que suele ser garantía de euforia. Pero la banda no se rindió: En privado entró genial, elegante, bien recibida, y preparó el terreno para la atronadora Estoy rabioso, donde el grupo puso toda su energía, toda su garra, toda su intención. Aun así, el público seguía sin despegar.

Puesto, Advertencia, Microdancing y La pregunta se beneficiaron de ese renacer colectivo. Esta última, recibida con emoción, marcó el inicio de una segunda parte claramente superior. Maracuyá, Mimos son mimos, Paradoja y Como eran las cosas consolidaron la remontada, con la banda ya cómoda, el público entregado y el Botánico convertido por fin en una fiesta.

El bis llegó con ¿Y qué? y El colmo, dos temas que sirvieron como broche perfecto para una noche que terminó siendo mucho mejor de lo que prometía su arranque. Como Argentina en el Mundial, la banda remontó al final para ganar el partido. Algunas noches es fácil poner límites; otras, como esta, se trata simplemente de sobrevivir al giro inesperado y celebrarlo.





