Crónica: Victor Robi / Fotos: Vega Halen (Noches del Botánico)

 

A las 22:00 en punto, con la pista del botánico a rebosar y una humedad que parecía pegar el aire a la piel, la banda salió a escena dispuesta a conquistar Madrid. No hubo preámbulos ni discursos: solo la expectativa de un público apretado, atento, esperando que la noche se encendiera desde el primer golpe de batería. Pero lo que siguió fue un concierto partido en dos mitades, una combustión lenta que terminó explotando cuando nadie lo esperaba.

Revelaciones aparte abrió la noche con corrección, aunque sin terminar de prender la mecha. La banda sonaba pulcra, casi quirúrgica, pero faltaba ese punch inicial que convierte una entrada en escena en una declaración de intenciones. Con Tiempo off, ya con un toque más electrónico, parecía que el grupo buscaba modular el ambiente, construir una atmósfera antes de atacar de frente. Pijamas, más animada, levantó por fin al público, marcando el primer momento en el que la pista respondió con algo más que aplausos educados.

Aun así, la recepción entre sus clásicos y sus temas más recientes era abismal. Fizz y Miau funcionaron, pero sin desatar la fiesta que uno espera de una banda argentina en Madrid, donde suelen arrasar sin esfuerzo. Fue con Las demás cuando el concierto encontró un primer destello real: la banda, en fundándose un traje de rock noventero, sonó más contundente, más viva, más ellos. Risa mantuvo ese pulso, demostrando que cuando se permiten cierta crudeza, ganan enteros.

El melocotonazo Putita llegó con un público sorprendentemente aletargado, una reacción desconcertante para un tema que suele ser garantía de euforia. Pero la banda no se rindió: En privado entró genial, elegante, bien recibida, y preparó el terreno para la atronadora Estoy rabioso, donde el grupo puso toda su energía, toda su garra, toda su intención. Aun así, el público seguía sin despegar.

Y entonces ocurrió lo que solo puede suceder en argentina, que era en lo que estaba convertido anoche el recinto, el fútbol salvó la noche. Al canto de “el que no salta es un inglés”, la pista despertó como si alguien hubiera encendido un interruptor oculto. De repente, Madrid recordó que Argentina no tiene sangre, sino fútbol en las venas. Y esa chispa bastó para que las siguientes canciones se corearán y se bailaran como no había sucedido antes.

Puesto, Advertencia, Microdancing y La pregunta se beneficiaron de ese renacer colectivo. Esta última, recibida con emoción, marcó el inicio de una segunda parte claramente superior. Maracuyá, Mimos son mimos, Paradoja y Como eran las cosas consolidaron la remontada, con la banda ya cómoda, el público entregado y el Botánico convertido por fin en una fiesta.

El tramo final fue el que debía haber sido desde el principio. Bye Bye y Carismático prendieron el jardín, con la banda funcionando como una máquina engrasada, divertida y feroz. Yegua cerró el set principal con solvencia, dejando al público en ese punto dulce entre la euforia y el sudor.

El bis llegó con ¿Y qué? y El colmo, dos temas que sirvieron como broche perfecto para una noche que terminó siendo mucho mejor de lo que prometía su arranque. Como Argentina en el Mundial, la banda remontó al final para ganar el partido. Algunas noches es fácil poner límites; otras, como esta, se trata simplemente de sobrevivir al giro inesperado y celebrarlo.