Crónica: Victor Robi

 

La noche en la Sala Barracudas arrancó con un contratiempo inesperado: Flames of Foe no pudieron actuar debido a una avería en su furgoneta. Su ausencia dejó un hueco evidente en el cartel, pero también abrió un espacio que Aldequemada aprovechó para desplegar una actuación breve, intensa y cargada de matices.

Aldeaquemada entró en escena con un viaje sonoro que parecía venir de lejos, como un desierto atravesado con melodías traídas del otro lado del Mediterráneo. Desde el primer instante se percibió una propuesta que combina crudeza, raíz y electricidad. Rompieron con rabia y letras ácidas, como si el fuzz fuera la tabla que transportaba toda esa energía contenida.

Uno de los momentos más destacados llegó con Negra era la noche, un tema que la banda apenas ha mostrado en directo y que aquí sonó como una revelación: un ritmo más bailable, menos distorsionado, que abría un espacio distinto dentro de su repertorio. Aldeaquemada dejó claro que su música nace de un lugar visceral: un canto enrabietado, sostenido primero solo por guitarra y batería, que luego estalla con una fuerza que no pide permiso.

Esa rabia, tan propia del sur, apareció sin filtros. Una forma de cantar que recuerda a la tradición andaluza de expresar lo urgente con arte: Morente, Triana, esa línea de fuego que convierte la emoción en un golpe directo. Aldeaquemada recoge esa herencia y la mezcla con letras de corte punk, directas y afiladas, que entran como un azucarillo en el café entre tanta dispersión sonora, dejando un sabor claro y reconocible.

La banda —Álex a la guitarra y Pilar a la batería— mostró un sonido sólido, compacto, con una identidad marcada pese a la brevedad del set. Cerraron la actuación con una sorpresa que elevó el nivel emocional de la noche: una versión de “La Llorona” de Chavela Vargas, interpretada con una belleza inesperada, casi suspendida en el aire. Fue un cierre hermoso, delicado y contundente a la vez.

La actuación de Aldeaquemada fue de gran nivel, aunque de duración escasa. Un proyecto interesante, con una mezcla de raíz, rabia y distorsión que apunta maneras y que habrá que ver cómo madura. En una noche marcada por la ausencia de Flames of Foe, Aldeaquemada demostró que incluso en formato reducido pueden dejar una huella clara.